LA ELEGANCIA DEL PINGÜINO: Cómo ser metrosexual y no morir en el intento

jueves, 20 de agosto de 2009

Cómo ser metrosexual y no morir en el intento

Llevo tiempo queriendo ser metrosexual, pero la cosa no es tan fácil como parece. De hecho, estoy empezando a pensar que solo unos pocos elegidos pueden aspirar a serlo, y me temo, que yo posiblemente no estoy entre ellos.

Mi primer paso hacia la metrosexualidad fue bastante frustrante. Hace cosa de un año, me empezaron a salir unos pequeños (y casi imperceptibles) pelillos en ciertas partes de mi espalda que se me antojaron ligeramente desagradables. En mi deseo de querer estar a la moda, no dudé en acudir a mi hermana para que les diese matarile. Tras la segunda intentona, el dolor producido por las infernales tiras de cera caliente me hizo empezar a considerar a esos pelillos dorsales como simpáticos amiguitos. Después de todo, no me eran tan molestos ahí detrás. Sobra decir, por tanto, que no hice mayores progresos en lo que a la depilación se refiere. Y sí, ya sé que no hay nada (por lo visto en otros camaradas metrosexuales) que suba más la autoestima que tener el ojete depilado, pero contra la naturaleza no se puede luchar.

Mi segunda intentona no fue menos decepcionante. Como todo metrosexual que se precie, decidí con gran entusiasmo aplicar toda mi energía vital en cultivar mi cuerpo. Así, por fin, ya podría superar todos mis traumas adolescentes luciendo un cuerpo de escándalo (ya lo decían los romanos, corpore sano in mente acomplejati). Pues eso, que me compré unas mallas apretadas y una camiseta de tirantes, y fui al Gym a conseguir unos músculos de acero. Sin embargo, no podía ser todo tan bonito, y la dura realidad me golpeó de nuevo: conseguir esos cuerpos esculturales que atesoran mis compañeros metrosexuales no era flor de un día, hacía falta trabajárselos. Bueno, eso o tomar esteroides, y como yo me niego a que mis huevillos se conviertan en canicas diminutas, opté por el trabajo aeróbico, que si bien no me hace ganar masa muscular, sí que me permite comerme pizzas como un jabato.

En tercer lugar, tengo que citar mi vano intento de metrosexualizar mi ropa. Como mi cuerpo no me permitía lucir camisetas a punto de reventar, opté por la opción más lógica: comprarlas de tallas más pequeñas. El problema surgió entonces en el hecho de que como el trabajo aeróbico tampoco es flor de un día, me sobresalían peligrosamente los michelines. Tuve entonces que volver al look clásico, con la incalculable pérdida de glamour que eso conlleva. Eso sí, las hawaianas siempre puestas, en plan desenfadado.

La cuarta tentativa no sólo volvió a ser insatisfactoria, sino que puso en juego mi salud. Imitando al dios metrosexual por antonomasia, David Bechham (y a sus más fieles apóstoles, CR9, Guti, y Pedro-Sporting), me teñí el pelo de rubio-cagarrutia, me puse una cresta súper-molona, y me cambié las aretes rockeras que llevaba en ambas orejas por preciosos pendientes de diamantes. Obviamente, mi modesta cartera no me permitía comprarme diamantes de verdad, así que me tiré el pisto y me puse en su lugar dos imitaciones que encontré en el rastro. Craso error. Siempre he sido especialmente sensible a la bisutería pachanguera, así que mis lóbulos no tardaron en poner de manifiesto que el plástico no era bienvenido. El resultado fueron unas orejonas hinchadas que darían envidia al mismo Dumbo.

Y aquí estoy, incapaz de dar ése salto evolutivo que tanto ansiamos los hombres del siglo XXI: el paso de la mediocridad al liderazgo social. Porque a nadie se le escapa que el metrosexual está en la cúspide la de pirámide social actual. Y es que ya vale de negar lo obvio: todo hombre que se precie siempre ha soñado tener el pubis rasurado y echarse cremitas antes de ir a la cama; y el que lo niegue es un falso, y además, se muere de envidia (sí, envidia, como la que me dijo un día una compañera de clase que yo sentía por no saber bailar como Chayanne. Sin duda, la psique masculina no guardaba ningún secreto para ella...).

No me pienso dar por vencido y seguiré luchando por mi sueño. Porque ya lo dice el lema metrosexual por excelencia: “tu vida es tu propia creación. Haz que sea buena”. Ya véis amigos, además de guapos, filósofos...

6 comentarios:

geluty dijo...

Como se nota que no saliste a tu Padre.

Papá Pingüino dijo...

Geluty, tu llevas un metrosexual dentro, lo que pasa que con tanto pelo aún no lo encontraste. ;)

Anónimo dijo...

jujuju que bueno pedrinho

yoyelRey dijo...

Lo primero para ser un buen metrosexual es no tener cerebro, con lo cual ya puedes dejar de intentarlo!!!! La estética Bumbury siempre si quieres te presto mi laca de uñas negras....

Papá Pingüino dijo...

Gracias chipirona.

Tengo que asumirlo, no nací pa ser metrosexual...adiós CR9!!

Anónimo dijo...

Pa mí q este texto no está actualizado, xq yo ya he visto grandes avances. Y no, no te vayas a pensar q se percibe el cambio exteriormente. Yo creo q más bien se trata de un tema de la psique. Fíjate q seguramente ahora ya no dirías "...y me temo, que yo posiblemente no estoy entre ellos."(lo elegidos). Supongo q ya lo habrás descartado por completo.....Continuará (es la hora!!!!, lo siento)