LA ELEGANCIA DEL PINGÜINO

jueves 23 de febrero de 2012

Serie Negra (XI): El observador.

Una gota de sudor le resbaló por la cara. Eran las dos de la tarde y Sócrates Zacarías se axfisiaba de calor. Norteña no era un lugar caluroso, ni siquiera en Agosto, pero lucir gabardina y sombrero bajo la solana del mediodía no ayudaba precisamente a una ventilación adecuada. Las formas son las formas, se decía siempre. Si quería ser un detective debía vestirse y comportarse como tal. Por eso le cambió el color a su coche. Porque no se podía tomar en serio a un detective en un Twingo rosa. Azul metalizado era otra historia.
Después de hablar con el Mercromino, Sócrates se había acercado hasta uno de los locales de Helios. Según la agenda de Belarmino Arnau, cada Viernes a la hora de comer, el mafioso se reunía en ese sitio con sus socios para tratar asuntos de diversa índole. La visita aquella mañana del chino a la oficina había convencido a Sócrates de que Helios estaba metido en el asunto, y pensaba hacerle cantar. Pero, ¿quién era Helios? Helios Gurruchaga era el gangster por excelencia de Norteña, un empresario de la noche que había hecho fortuna trapicheando en sus bares y restaurantes. Tenía importantes contactos en el ayuntamiento, así que la policía normalmente hacía la vista gorda. No toda, por supuesto. El comisario Macario, habitual colaborador de Belarmino Arnau, le tenía en el punto de mira. Pero sin pruebas en su contra, y con el apoyo político que lo encubría, de momento Helios seguía siendo intocable.

Sócrates, agazapado detrás de un periódico con la discreción que había aprendido de los libros estudiados acerca de la CIA, se apostó delante del restaurante, en un banco, y comenzó la vigilancia. Llevaría allí sentado apenas cinco minutos, cuando le sorprendió un anciano a su lado.
-Caballero, ¿tiene fuego?
-Disculpe, no fumo.
-Oh, vaya... -dijo con tono de decepción el anciano. -Al verlo ahí plantado, con esa pinta de haber salido de una película de Humphrey Bogart, y espiando a través del periódico, pensé que sería usted una especie de detective. Y claro, todo detective que se precie fuma. Eso lo sabe todo el mundo.
-¿Cómo dice? -preguntó Sócrates desconcertado.
-Está usted espiando ese local de enfrente. Es evidente. -repuso el anciano con convicción.
-¿Perdón?
-Bueno, no hace falta ser Sherlock Holmes para suponer que si está leyendo un periódico con dos agujeros en medio, en realidad lo que le interesa es lo que se encuentra delante de usted.

Sócrates maldijo para sí mismo. En el futuro debería ser más cuidadoso con ese tipo de detalles. Intentó improvisar.

-Eh...bueno, en realidad estoy esperando a mi novia. Trabaja en ese local.
-Ajá...-asintió el anciano mirando hacia el cartel del local. - El Revienta Pelvis... Ya veo que es usted un hombre liberal.
Sócrates enrojeció.
-Es una pena -continuó el anciano. -Por un momento pensé que sería usted un detective investigando al dueño de ese bar.
-¿Por qué iba a hace eso? -dijo Sócrates fingiendo sorpresa.
-Oh, vamos, joven. ¿Me toma por tonto? ¿Se cree que es el primero que se ha plantado aquí delante a espiar a Helios Gurruchaga?
Sócrates no supo qué decir.
-Bueno, desde luego es el primero tan torpe como para hacer ese truquito de los agujeros en los periódicos. -continuó el viejo -Yo puedo ayudarle en su misión. Conozco una entrada oculta sin vigilancia por la que podría entrar al local si eso es lo que quiere.
-Por supuesto que querría. Sería de gran ayuda. -contestó el aprendiz de detective entusiasmado.
-Solo pondré una condición para ayudarle. Que me diga, con absoluta sinceridad, la naturaleza de sus sus intenciones con respecto a ese cretino de Helios.
-Oh, bueno, lo lamento pero eso es información confidencial.
-En ese caso... -dijo el anciano dándose la vuelta.
-Espere, espere. Mire, no conviene dar aire a este asunto. Es peligroso. Lo único que le puedo decir, y créame que es más de lo que debería, es que la vida de un hombre está en peligro. Y es Helios el responsable.
-Ajá...-asintió el viejo. -Suficiente. Acompáñeme.

El anciano, ayudado de su bastón, cruzó la calle con pasos cortos pero continuos y se dirigió al callejón paralelo al local. Atravesó un laberinto de callejuelas girando a derecha e izquierda sin un aparente rumbo, hasta que de repente, cuando Sócrates ya estaba convencido de que se habían perdido, se paró delante de una puerta, sacó una llave del bolso y la abrió invitándole a entrar. Una vez dentro, el anciano palpó la pared hasta dar con el interruptor de la luz, encendió y señaló hacia unas escaleras que había delante.

-Por ahí se sube, joven. Y tenga cuidado, este tugurio está lleno de seguridad. A estas horas encontrará a Helios en el comedor grande. Suele pasarse de sobremesa con sus amigotes hasta tarde.
-Muchas gracias, de verdad. Pero dígame una cosa: ¿Por qué tiene una llave de la puerta trasera?
-Disculpe, ¿no me he presentado? Soy Héctor Gurruchaga -dijo ofreciéndole la mano a Sócrates. -el padre de Helios.

(...)

jueves 16 de febrero de 2012

Humor Absurdo 8.0.

-Busco un libro de un autor griego que se titula: "Con el culo al aire".
-¿Será "Con el agua al cuello"?
-¡Sí! Bueno, la idea era la misma.

-¿Tienes libros de chacras (mandalas)? Pero tibetanos, no hindúes.

-Quiero el último libro de Eduardo Murcia.
-¿Eduardo Murcia? No me suena de nada...¿Sabe algo más? ¿Algún título?
-Es algo de amor, enamorarse, casarse...
-¿Federico Moccia?
-¡Ése!

-¿Esto cuesta 2,50?
-¿Qué pone la etiqueta?
-Pone "antes 5, ahora 2,50".
-...

-Me encanta el siglo XIX. Por eso me gustó mucho "La sombra del viento".

-Ando buscando el último libro de Arzalluz.
-¿El político?
-No, no. El cocinero.
-¿El cocinero? ¿Será Arzak?
-No, ¡mira! Es este libro que tenéis aquí expuesto.
"La comida de la familia", de Ferran Adriá.

-Perdone, ¿me enseña el DNI?
-¡Pero si ya se lo he enseñado a tu compañera de arriba!

-Busco "El salto del tigre", de Victoria Holt.
(Aquí no hay truco. Se llama así)

-¿Tienes "1,2,3,4,5,6,7,8,9"? ("Sé lo que estás pensando" de John Verdon)



miércoles 8 de febrero de 2012

El Paisanaje del Pingüino.

Hay dos chiflados en mi calle. La recorren día y noche, arriba y abajo. Es raro, porque nunca los he visto cruzarse, es como si se repartieran las aceras y las horas de paseo. Suben y bajan sin molestar a nadie. A uno lo llamamos “Conde Drácula” porque viste de negro y tiene ojeras. Es frecuente verle delante del espejo de la perfumería atusarse la ropa, ponerse guapo. Y si es tarde y no lo ves por la calle, lo encontrarás en el Burguer King (y no precisamente bebiendo sangre). El otro chiflado no tiene mote, al menos que yo conozca. Es el hijo de un hostelero de la calle. Tiene una especie de chinchón en la frente; una protuberancia que lo caracteriza. Hace unas semanas unos hijos de puta se cruzaron con él y le dieron una paliza. Por lo visto le pidieron fuego y no tenía. Y además era mongolín, claro.

Mi calle es pequeña pero está llena de vida. Un día me dijeron que tenía una historia fascinante, y aunque no llegaron a contármela, no me cuesta mucho fantasear sobre ella. En mi calle hay bares, una perfumería, un kiosko, una mercería (la cual sospecho que es una especie de tapadera de algo raro), una academia de inglés, una tienda de rollo indio que huele a incienso, una tienda de ropa de modernos, más bares, una tienda que vende no se qué cojones (telas, manteles o algo así), una tienda de comida para llevar, un estanco, una heladería, dos peluquerías, más bares, un locutorio, un restaurante, una empresa de diseño gráfico, una consultoría, una tienda de muebles, una floristería, una tienda de ropa hortera que acaba de cerrar (no me explico por qué), una tienda de ropa de bebés (victorianos), y más bares. Es increíble que una calle tan pequeña de para tanto. Pero es así. Y además no es difícil ver pasear a Nacho Vegas por ella.

Si bajas a la Plaza que hay al final de la calle, encontrarás varios personajes excepcionales en su singularidad. Por las mañanas, es fácil encontrarse con un viejo esquizofrénico que suele acompañarse de una cerveza de lata y que grita a enemigos dialécticos invisibles. Al principio acojona un poco, luego te ríes y al final acaba dando pena. La peña flipa cuando lo ve. Hay un vagabundo (posiblemente también esquizofrénico) que suele estar instalado delante de la librería. Digo vagabundo, pero duerme bajo techo, cobra una pensión e incluso tiene teléfono móvil. En verano anda por El Lavaderu, en donde acosa a jóvenes hippies. El resto del año protege la puerta de la librería, recibiendo a los visitantes con frases del estilo: ¿me da dinero para libros? Y es que en verdad lee libros. De hecho tiene una fijación especial por Herman Hesse. No es extraño que acompañe a alguna mujer hasta el interior de la librería y la recomiende encarecidamente comprar Sidharta, Demian o El lobo estepario, esgrimiendo argumentos de peso como que esos títulos “se te quedarán en el corazón como tú ya estás en el mío” o “cada vez que lo leas te acordarás de mí”. Es un romántico. A veces no le dan la medicación adecuada y lanza sus dardos de amor también a las empleadas de la librería. Tiene para todas.

En la misma plaza, hay un lugar especial para el arte y la música. Está el sudamericano que toca la guitarra (y la botella) y que repite siempre los mismos cuatro acordes (creo que son del “Wish you were here” de Pink Floyd) . Por ahí también andan varios artistas que practican la pintura con diversa suerte. A veces discuten entre ellos por el espacio que les corresponde y más de una vez alguno de ellos ha sido denunciado (posiblemente por uno de sus colegas) por vender su arte ilegalmente en la calle. Pero afortunadamente suelen salir indemnes. También está el tipo que toca el violín con amplificador. Hay quien dice que en realidad es una cinta lo que suena, pero yo creo que sí que toca de verdad, y si no me da igual. Es agradable ver (y escuchar) al tío hacer playback de violin.


Pese a que mi calle está llena de bares, no me los recorro todos. A decir verdad solo frecuento uno de forma regular: el mejor, el más molón. Es una especie de ONU etílica donde te reúnes con gente maja de todas las partes del mundo e incluso a veces, entre caña y cañón, hablas inglés a little bit. Hay gente maravillosa que para por ahí, y también hay especímenes humanos de la más diversa índole. Hay una señora mayor de pelo blanco que bebe hasta altas horas de la noche y se queda mirando fijamente un punto indeterminado de la pared durante un tiempo inquietantemente largo, hasta que de repente se levanta, se despide, y a veces te proporciona gratuitos consejos amatorios. Pero la palma se la lleva una chica joven a la que apodamos "Creepy", y que tiene la desconcertante costumbre de establecer un excesivo contacto físico con el sexo masculino. Si la Creepy no te ha tocado el culo no eres nadie. Yo tengo el dudoso privilegio de haber sido piropeado por ella con la sugerente frase: "¿quién se va a comer este muslo?", todo esto previo tocamiento a la mencionada parte de mi anatomía. Me reiría, pero me dio miedo.

Si te levantas a altas horas de la noche (¿quién sabe por qué ibas a hacerlo?), abres el portal y la calle parece salida de una obra de George A. Romero: decenas de Walking dead se arrastran y deambulan con la vista perdida y el paso inestable hacia sus casas respectivas, los baretos que aún no estan cerrados o los diversos "matafames" del barrio. Es una escena inquietante a la par que enriquecedora para el espíritu (aunque tu sepas que alguna vez también has sido uno de esos muertos vivientes).


Mi calle está llena de historias, como todas, pero éstas, para lo bueno y para lo malo, ya forman parte de mí. Son el paisanaje del pingüino.


Humor Absurdo 7.0.

-Busco "El lazarillo de Tormes".
-¿En alguna edición en concreto?
-En la de Tormes.

-Quiero el libro de Gerónimo Stilton.
-¿Cuál?
-En el que sale un ratón en la portada.

-Por favor, búscame un libro para enganchar a la lectura a un chaval de 12 años.
-Perfecto. Podemos empezar mirando cosas de Roald Dahl, de Michael Ende, de...
-Perdona, no me he explicado bien. Esos estarían genial, pero quiero algo que enganche a la lectura a un chaval de 12 años que no sabe que "aceituna" y "oliva" es lo mismo.

Se acerca una señora al mostrador con "¿Dónde está Wally?".
-Hola, ¿de qué trata este libro?

-¿Sabe? Ayer estuve en Madrid y pasamos por Sol. Me ha picado algo en este dedo, mire. Yo creo que es una pulga de los indignados.

-¿Tiene "La montaña mágica" de Thomas Mann?
-Ahora mismo no, pero podemos pedírselo.
-¿Y "Viaje al final de la noche" de Celine?
-No, tampoco.
-Bueno, pues me llevo "Apocalipsis Z".

(al teléfono)
-¿Tenéis "Legislación de derecho internacional privado"?
-¿De qué editorial?
-Álvarez González, Santiago.

martes 27 de diciembre de 2011

Humor Absurdo 6.0

Un grito rompe el silencio mañanero.
-¡Holaaaaa!
Escruto la espesura de la jungla librera y diviso, al fondo, junto a la puerta, a un espécimen neandertaloide portando un caldero.
-Hola.
-¿Hay mujeres?
No sé cómo interpretar la pregunta, así que hago lo mejor que se puede hacer en este tipo de momentos: poner cara de tonto y callarme. A modo de respuesta el hombre blande el caldero con convicción y pregunta:
-¿Quieres calamares?
-No, gracias.

-Busco un libro de un escritor francés.
-¿Título?
-No me acuerdo. Pero el nombre del autor es muy largo.

-Por favor, quiero “Virgilio”, de Eneida.

Se acerca una cliente con dos libros sobre la Guerra Civil: uno es de Pío Moa y otro de Santos Juliá. O sea, Madrid-Barça, Imperio Galáctico-Alianza Rebelde, Mordor-Comunidad del Anillo.
-¿Cuál le gustará más a mi padre?
Cuidado, entramos en terreno pantanoso.
-Bueno...eh...
-Es que le gusta mucho la Historia.
-¿Y sabe qué otros libros ha leído del tema?
-No, la verdad.
Intento ser sutil.
-Vale, y...¿qué medios de comunicación suele leer o escuchar su padre?
Después de unos segundos de desconcierto.
-La Cope y La Razón.
-Ok, le voy envolviendo el de Pío Moa.

-Si me compro un E-reader, ¿los libros son gratis, verdad?

-Hola.
-Hola. 
-¿Es usted solvente?

-Quiero un libro de “Egel”.
-¿De quién?
-De “Egel”. Yo no dijo “Hegel”, yo digo “Egel”, que SOY ESPAÑOL.

-Esta mañana me habéis mandado un sms.
-¿Había hecho un pedido?
-No, verás, me lo mandasteis porque una de tus compañeras quería ligar conmigo.

-¿Tienen “Juego de Tronos” en inglés?
-Ahora mismo no.
-Shit!

miércoles 21 de diciembre de 2011

Pingüiteca 2011

Siguiendo la línea iniciada por Pinord (bajo la sombra inspiradora de Nick Hornby), este año haré un compendio de los mejores libros que he leído.

Con el tiempo he ido aprendiendo a ser selectivo con mis lecturas, y pese a que es sumamente difícil no tragarse algún truño de vez en cuando, mis costumbres lectoras han evolucionado (afortunadamente para mi cerebro). Antes, sentía una especie de obligación moral que me empujaba a acabar un libro si había superado, independientemente del grosor, sus cien primeras páginas. Ahora, siguiendo la línea de pensamiento de mi primo Pablo, le doy 20 páginas de prueba y si no me ha convencido lo tiro por la ventana (metafóricamente hablando). Por supuesto, hay lecturas maravillosas que no arrancan hasta pasado un buen trecho, incluso algunas terriblemente tediosas pero que al final, una vez concluidas, te dejan un buen sabor de boca. Pero qué queréis, “tempus fugit” que dirían los romanos. Así que aplico sin remordimientos un Darwinismo feroz. Solo quedan los más fuertes.

De esta manera, en primer lugar tendría que acordarme de todas esas novelas que he empezado y que por diferentes motivos han ido quedando en la cuneta. Son unas cuantas, y de entre todas ellas sobresale, quizás por las expectativas levantadas, “Libertad” de Jonathan Franzen. Que la crítica especializada la tildase de “novela de la década” debería de haberme frenado a tiempo, pero mi espíritu masoquista me empuja con frecuencia a comportamientos suicidas. Reconozco que no llegué a las susodichas 20 páginas. Y que conste que no dudo de su valía literaria (lo que quiera que signifique éso), pero no necesito leerme un tocho de 1000 páginas para llegar a la conclusión de que la sociedad norteamericana apesta. Menuda sorpresa.

De entre las grandes decepciones del año señalaría sobremanera a Don Winslow. Conocida es mi admiración por esa obra maestra titulada “El Poder del Perro” (y en menor medida por el adictivo thriller “El invierno de Frankie Machine”). Sin embargo, ni “Muerte y Vida de Bobby Z” ni “Salvajes” están a la altura. Ambas se leen del tirón (es lo mínimo que se les puede pedir), pero, sobre todo la primera, es una especie de raod movie (o cómo se llame su equivalente literario) por momentos más cercana a un capítulo de McGiver que a una buena novela criminal. Don Winslow, cuyo estilo fresco y directo recuerda al James Ellroy más inspirado, se mueve entre los entresijos de los mafiosos y de la DEA con soltura pero patina en las partes puramente de acción. Si bien “Salvajes” está muy por encima de “Muerte y Vida de Bobby Z”, creo que su principal defecto es el hecho de ser una versión menor (paradógimante posterior) a “El poder del perro”, con lo que la disfrutarán mucho más los advenedizos del autor que aquellos que nos flipamos con las desventuras de Art Keller. Que las cinco novelas que he leído del autor tengan (a grandes rasgos) el mismo final, tampoco dice mucho a su favor. El problema principal de Don Winslow es el mismo que el de los grandes músicos que han compuesto obras magníficas: el listón está tan alto que es inevitable una comparación de la que siempre saldrán perdiendo.

En el apartado de sorpresas ocuparía un lugar destacado “El adversario” de Emmanuel Carrere (novela que me acabo de leer y que me ha dejado sinceramente impactado), la historia de la psique enferma de un hombre ordinario; “Pic-nic en Hanging Rock” de Joan Lindsey, una pequeña y perturbadora joya, cruce entre David Lynch, “Rebecca” y “Otra Vuelta de Tuerca”; y "El asiento del conductor" de Muriel Sparks, casi tan desconcertante como la anterior, de esas lecturas que te siguen mucho después de cerrar el libro.

En lo que se refiere a novela negra, que en mi caso suele ser el género más leído del año, destaco cinco clásicos maravillosos que no caeré en el error de comentar (puesto que ya se ha dicho y escrito todo sobre ellos, y mucho mejor de lo que yo pudiese exponer aquí): “Cosecha Roja” de Dashiel Hammet, “La Huída” de Jim Thompson, “L.A. Confidential” de James Ellroy, "Asesinato en el orient Express" de Agatha Christie, y “Fábrica de Animales” de Edward Bunker. Además, no puedo olvidarme de una galerada que tuve la suerte de leer hace un par de meses y que se publicará en marzo: “En la boca del lobo” de William Rempel, la narración novelada (desde el punto de vista de Jorge Salcedo, jefe de seguridad del cartel de Medellín) de la caída del imperio de la droga colombiano de los hermanos Orejuela. Brutal.

Respecto a mi lado friki, los laureles se los llevan “Tormenta de Espadas” de George R.R. Martin y “El Temor de un hombre sabio” de Patrick Rothfuss. Sí, ya sé que ahora está de moda hablar de la obra de Martin, y me alegro, porque la serie de la HBO es cojonuda, pero pese a lo que mucha gente piensa (he leído por algún foro que dentro de 10 años nadie se acordará de estos libros), su primera entrega, “Juego de Tronos”,  fue publicada allá por 1998, así que parece que la saga tiene cuerda para rato. Yo me acerqué a ella el verano en el que Martin vino a la Semana Negra (sí, el mismo festival de fritangas y caballitos al que nuestra querida alcaldesa ha dado matarile), y desde entonces me leo un volumen por año. Para no cansar. Respecto a la continuación de la memorable "El nombre del viento" (versión adulta y épica de Harry Potter), decir que en líneas generales mantiene el nivel de su predecesora, si bien por momentos el exceso de páginas juega en su contra. Con 200 páginas menos "El temor de un hombre sabio" sería redonda.

Y así, por fin, llego al apartado estrella de todo este rollo de texto: mi lectura del año, que en este caso son dos: “Cualquier otro día” de Dennis Lehane (sí, otro autor que se pasó recientemente por ese festival alejado de la cultura y entregado a la chusma que responde a las siglas SN), y “Warlock” de Oakley Hall.

Ambas comparten algunas características interesantes: son dos tochos considerables (con cualquiera de ellas podrías matar a una persona si se la tirases a la cabeza con la pericia y fuerza adecuada); son obras corales plagadas de personajes poliédricos, lejos de maniqueísmos facilones, que evolucionan con la trama; las dos recrean retratos veraces y honestos de dos momentos históricos (El Oeste americano a finales del S.XIX y el Boston del primer tercio del S.XX) que ponen en tela de juicio los orígenes de la sociedad norteamericana y la naturaleza de su órganos de poder y autoridad, así como critican el feroz racismo penosamente característico en Estados Unidos, y el rechazo casi patológico que los yanquis sienten por cualquier tipo de iniciativa asociativa y reivindicativa del proletariado.

Podría cometer la torpeza de intentar resumir sus argumentos o de extenderme en las maravillosas sensaciones que me produjeron. Pero no voy a hacerlo. Solo os recomiendo leerlos. Nada más (y nada menos).

domingo 9 de octubre de 2011

Humor Absurdo 5.0. (rescates)

Se acerca un cliente a un servidor (pingüino)
-Oh, vaya, ¿tú no eres la chica morena y rizosa?
No. Espero.

-Busco un libro de críos. El protagonista es un ratón que se llama...Remington Steel. (Geronimo Stilton)

-Hola, ¿tienen "La Inteligencia del Cangrejo"?
-¿No será "La Elegancia del Erizo"?
-¡Sí! ¡Joder! ¿Cómo lo has adivinado?
Eso mismo me pregunto yo...

-Busco un libro de fantasía. No recuerdo ni título, ni autor, ni editorial...
-¿Sabe de qué trata?
-No, pero sé que es el primero de una trilogía de cuatro.

-Hola, ¿Dónde está la sección de Ciencias Humanas?
-¿A qué se refiere exactamente con Ciencias Humanas?
-Espiritualidad y religión.

-Por favor, busco libros de español-polonés.
¿De Pola de Siero o de Pola de Lena?

-¿Tenéis "Papel y Plástico"?
-Lo siento, no trabajamos papelería.

-Me refiero al libro...

(al teléfono)
-Hola, quiero encargar un libro.
-¿Es de narrativa?
-Sí.
-¿Título?
-"Manual de Electrónica".