LA ELEGANCIA DEL PINGÜINO: El Enigma Goofy

domingo, 11 de octubre de 2009

El Enigma Goofy

En estos tiempos de misterios masónicos, iluminatis terroristas y conspiranoias varias, he decidido dar a conocer al mundo un enigma que lleva inquietándome desde mi más tierna infancia: El Enigma Goofy.

Pues sí, amig@s, aún entendiendo lo que siempre he considerado la “lógica animada”, es decir, que los protagonistas de los dibujos Disney sean animales que se comportan a imagen y semejanza de los seres humanos (y lo que es más sorprendente, no solo que hablen, sino que lo hagan con acento portorriqueño), lo que nunca he llegado a comprender (y he aquí el gran misterio) es por qué si Mickey el ratón tiene a Goofy el perro como su mejor amigo, puede a su vez gozar de la compañía de una mascota, Pluto, que también es un perro, pero (éste sí) se comporta como un chucho de verdad (caminanado a cuatro patas, ladrando, babándose, moviendo la colita…). ¿Qué nos estaba queriendo decir Walt Disney con todo esto? ¿Sería un reflejo de su conocida ideología fascista? ¿Sería una manera de establecer la superioridad aria frente al resto de razas? Pero es que los misterios no terminan aquí. Si todos los personajes principales de Disney tienen parejas de su propia especie (véase Mickey-Minnie, Donald-Daisy, incluso el propio Tío Gilito o Mc Pato, que en sus sueños húmedos añoraba a su enemiga la hechicera pata Mágica), ¿adivináis cuál era la pareja de Goofy? ¡La vaca Clarabella! Pero, como diría Super Ratón, “aún hay más”: ¿Por qué, con el paso de los años, Goofy acaba teniendo un hijo (cuya madre no conocemos, pero está claro que no es Clarabella, puesto que no es un engendro perruno-vacuno), y sin embargo, el resto de personajes principales, felizmente arrejuntados, no tienen hijos? Es para volverse locos.


Pero es que no solo los dibujos Disney han dado lugar a algunas de las más grandes preguntas de la humanidad. Así, a vote pronto, se me ocurren unas cuantas cuestiones que otras gloriosas series de nuestra infancia han ido planteando a las mentes más despiertas.

Por ejemplo, nunca he entendido como los habitantes de Eternia jamás se dieron cuenta de que He-Man era el príncipe Adam en taparrabos y gritando “¡Por el poder de Grayskull!¡Yo tengo el poder! ¡Joder! que el tío no se ponía ni un antifaz...

Tampoco me ha quedado claro nunca qué cojones pintaba Pitufina en medio de tanto pitufo y a qué dedicaba sus ratos muertos. ¿Deberíamos haberla llamado Putufina?


O por ejemplo, otra cuestión sin respuesta: ¿Por qué Shaggy y Scooby Doo se acojonaban tanto cada vez que veían a un fantasma, si al final de cada capítulo, SIEMPRE acababan descubriendo que se trataba de un tío disfrazado? Para mí que en la furgoneta hipie aquella debían de fumar alguna cosa rara, porque parece inexplicable tales faltas de memoria…


¿Y que me decís de El Coyote? ¿Por qué el pobre desgraciado tenía tanta insistencia en utilizar la marca ACME cuando, obviamente, los dueños de esa empresa eran familia de El Correcaminos?

También está el asunto de la ceguera de los Goris, esos seres donpimponianos vecinos de lo Fraggle Rocks, que tanto empeño tenían en cazar a Dudo, Rossi y compañía, pero que parecían quedarse ciegos en cuanto un Fraggle llegaba a la zona donde estaba La Montaña de Basura. ¿Olía demasiado mal en sus inmediaciones como para acercarse, o existía algún tipo de barrera mágica invisible proyectada por el oráculo de porquería? A saber…

Lo que está claro es que los dibus que hicieron nuestra infancia tan llevadera eran mucho más complejos de lo que parecían a simple vista. Por supuesto, hay muchísimas más preguntas trascendentales que hacerse (y muchas ya se han hecho), pero puede que el mundo no esté aún preparado para responderlas.

6 comentarios:

yoyelRey dijo...

Bueno, lo primero decirte que me gusta mucho tu blog y referente a este post.... tanto te aburres???? Has tenido una infancia normal????? Un beson!!!

Papá Pingüino dijo...

Nunca hay que subestimar el poder del aburrimiento, y sino que se lo digan a Newton...

Daniel dijo...

Te olvidaste del caballo Horacio y de Pete patapalo. Muy mal por parte de tu laboratorio de documentación.

Papá Pingüino dijo...

No están todos los que son, pero son todos los que están.

Faltan muchas cosas, para empezar el asunto del célebre pijama de Espinete; pero bueno, se aceptan de buena gana todo tipo de sugerencias.

:)

Shemayt dijo...

Cierto, lo de Goofy siempre resultó un tanto mosqueante. Quizás se tratase de una mutación chernobilesca, que le hizo superevolucionar cual mono del planeta de los simios...

Papá Pingüino dijo...

Lo del mono daría sentido al hecho de que se convierta en Super Goofy cuando come cacahuetes...