LA ELEGANCIA DEL PINGÜINO: Persiguiendo a Holden Caulfield

domingo, 7 de febrero de 2010

Persiguiendo a Holden Caulfield

Cuando el pasado 27 de enero me enteré de que J. D. Salinger, autor de la célebre El Guardián entre el Centeno, acababa de morir, no pude por menos que sorprenderme. Hacía tiempo que le daba por muerto (algo parecido a lo que me pasó con Antonio Vega, solo que en ese caso pensaba que se había convertido en zombie y vagaba entre nosotros disimulando su cualidad de muertoviviente). No se me negará que es una putada enterarte que una persona está viva el día que muere. Como cuando nuestra generación sufrió la desaparición de Antonio Ferrandis...¿No había sido suficiente con la muerte de Chanquete?

El simpático J. D. Salinger, haciendo amigos.
Salinger era un personaje misterioso y problemático: esquivo con los medios de comunicación y tiránico con su familia, apenas se le conocen imágenes (y viendo la de arriba, la cosa tiene explicación...). Obsesionado a lo largo de su vida con diferentes religiones, se recluyó en su casa consagrando su tiempo y vitalidad a escribir (pese a que se negaba a publicar, al considerarlo una intromisión en su privacidad) y beber su propia orina. En definitiva, un tío majete.

Aún siendo justos con su talento literario, que en palabras de Hemingway era "infinito", Salinger no deja de ser el típico autor de un solo éxito (como las Ketchup), y que para encima supuso, si bien indirectamente, la muerte de Jonh Lennon. Mark David Chapman, también conocido como "el hijo de puta que mató a Jonh Lennon", estaba obsesionado con la obra de Salinger hasta el punto de querer modelar su vida al estilo del protagonista del libro, Holden Caulfield. Posiblemente ésa sea la razón del halo místico y de culto que rodea El Guardián entre el Centeno. Piensas que al leerlo te van a entrar ganas de matar a Madonna o Axel Rose (si es que no las tienes ya, claro), pero nada, al final no es para tanto. El Guardian entre el Centeno no es el Necronomicon.

Pero la cualidad de one hit wonder de Salinger no es única en el mundo literario. Hay otros autores célebres que, en contra de lo que su popularidad pueda hacernos creer, deben su renombre a un solo título, a un solo éxito. Es el caso, entre muchos otros, de escritores como Bram Stoker (Drácula), Patrick Suskind (Perfume) o incluso el mismísimo León Tolstoi (Guerra y Paz).

No es que una larga carrera haga mejor a un autor. A lo sumo lo hace constante, y a nadie se le escapa que esa cosntancia, en la literatura, se puede acabar convirtiendo en tortura (el ejemplo más claro sería César Vidal, a cuyo extenuante ritmo de publicación le debemos parte de la deforestación del Amazonas, pese a que limpiarse el culo con sus libros es lo más digno que se puede hacer). Lo importante, no deja de ser crear una obra imperecedera, y para lo bueno y lo malo, Salinger lo ha conseguido.

2 comentarios:

Toni dijo...

Ya te echábamos de menos Papá Pingüino,casi empezábamos a pensar que habías reemplazado el teclado por unos Nike de gama alta... suerte que las dos cosas son compatibles.No dejes de entrenar y cuidadín con las farolas,etc...
Por cierto¿te pasaron las fotos de la San Silvestre?de no ser así tendré que infringir un duro castigo al responsable...le obligaré a leer un libro de Vidal(más de uno sería asesinato en 1º grado con premeditación y alevosía...no creo que Miguel lo soportara).

Papá Pingüino dijo...

Por aquí estamos, Toni. Ultimamente ando un poco liado, pero en breve retomaré la buena costumbre de escribir tonterías.

Ví las fotos de la San Silvestre en el facebook de Nuria. Salgo si despeinar. Éso ye que cansé mucho. De correr nada, estoy perdiendo la forma. Pero en cuanto vuelva de Machu Pichu (sí, has leído bien, me voy pa Peru!!!) empiezo a preparar una media maratón. Así que ya sabes, no hay excusas.